Los psicoanalistas argentinos Juan Carlos Cosentino y Lionel Klimkiewicz son los responsables de una traducción de cinco volúmenes de textos importantes de Freud. Cómo hicieron el trabajo, clave para conocer el recorrido del teórico austriaco.

Por Oscar Ranzani
El 23 de septiembre de 1939 murió Sigmund Freud, el hombre que desafió a la modernidad a partir de su teoría psicoanalítica y que le quitó a la razón el privilegio que tenía como ordenadora del mundo para señalar que muchas cosas que los seres humanos hacen y piensan no son por voluntad consciente. A esta premisa se la conoce como la tercera herida narcisista. Las dos primeras las constituyeron los descubrimientos de Copérnico y Charles Darwin. Uno por señalar que el hombre no era el centro del Universo. Y el otro por considerar que el ser humano es un animal más en la cadena del mundo natural. Freud escribió acerca de las marcas de la infancia en el psiquismo. Pero el propio médico austríaco dejó su propia marca imborrable con la teoría psicoanalítica. Así lo demuestra la vigencia que tiene su obra, a más de ochenta años de su muerte. Pero todo empezó, como empiezan las grandes cartas de amor –en este caso el amor por conocer el mundo interior de los sujetos– con los manuscritos que el propio Freud selló de puño y letra. Por eso, algunos textos escritos a mano por el padre del psicoanálisis perduran hasta hoy.
Los manuscritos freudianos que se conservaron fueron adquiridos hace varios años por la American Psychoanalytic Association y para resguardarlos definitivamente de la venta y la dispersión fueron transferidos, con excepción de la parte perteneciente a Anna Freud (la hija de Freud), a la Sigmund Freud Collection de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, con sede en Washington. A mediados de los ’70, Anna Freud completó la colección donando su parte. Pero se resolvió que siguieran en Hampstead, Londres (donde estaban su consultorio y el de su padre) hasta que ella muriera. Luego de su fallecimiento, fueron colocados provisionalmente en un banco londinense y finalmente fueron entregados en 1986 a la División Manuscritos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, lugar en el que permanecen definitivamente depositados. De esto se enteró el prestigioso psicoanalista argentino Juan Carlos Cosentino, luego de leer Volver a los textos de Freud, de la psicoanalista alemana Ilse Grubrich-Simitis, quien estudió los manuscritos y era amiga de Anna Freud. Cosentino se conectó con esta autora. Ella le dio el dato del director de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y así fue como este analista argentino se pudo encontrar con los manuscritos de Freud, de los que durante mucho tiempo no se sabía de su existencia.
Cosentino y otro prestigioso colega suyo, Lionel Klimkiewicz, son los responsables de una traducción de cinco volúmenes de textos importantes de Freud, realizada a través de los manuscritos inéditos del padre del psicoanálisis. Hasta ahora, Cosentino y Klimkiewicz habían editado cuatro volúmenes publicados por Mármol Izquierdo Editores: El yo y el ello, Más allá del principio del placer, Fetichismo y otros textos. Correspondencia: el caso A.B. y Das Unheimliche. Ahora, el quinteto se completa con Las neuropsicosis de defensa y otros textos. Notas de trabajo 1897-1910. El volumen mencionado, además de ser bilingüe (español y alemán), cuenta con fotografías de los manuscritos de las notas de trabajo. También tiene las versiones publicadas, documentos inéditos y comentarios de Klimkiewicz y Cosentino.
«La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos tenía un sistema para entregar los manuscritos. Había dos formas. Una era a través de microfilms, un sistema antiguo ahora. Y, al mismo tiempo, uno los podía imprimir en fotocopias. Yo los pedía como fotocopias», cuenta Cosentino a Página/12. «Me dijeron de hacer una prueba para ver si estaba en condiciones. Me dijeron que sí, me pasaron el precio y a la semana me los mandaron. Llegó la copia en limpio y el borrador de los manuscritos», agrega el extitular de la cátedra 2 Psicoanálisis Freud de la Facultad de Psicología de la UBA.
Cosentino vio que estaba en letra gótica. El trabajo que tuvieron que realizar no fue sólo de traducción sino también de interpretación de la letra de Freud. En esa época, el alemán y otros idiomas cercanos se escribían con letra gótica. Entonces, Susana Goldmann, que había estudiado letra gótica y forma parte del equipo que comandan Cosentino y Klimkiewicz, se familiarizó con la letra gótica de Freud. Y es la responsable de la transcripción del alemán y de la traducción al castellano. «Ella no sólo conoce muy bien el alemán sino que además conocía el gótico. Entonces, se abrió la luz en ese momento», recuerda Cosentino. «Son manuscritos, pero además borradores, donde Freud escribía, tachaba una palabra, la escribía arriba chiquitito… Ella también tiene la facilidad de poder ver qué hay debajo de la tachadura para poder discernir qué palabra tachó Freud, por qué la cambió, etcétera», completa Klimkiewicz.
Fuente: Página 12




