¿Hartazgo español con la perspectiva de género?: la lección para políticos argentinos que deja la derrota del PSOE

A pesar de los buenos resultados económicos -España es casi un modelo en Europa por su baja inflación y mejora del salario mínimo-, el electorado castigó a Pedro Sánchez por sus alianzas con los sucesores del terrorismo de ETA y por la política del Ministerio de Igualdad conducido por la extrema izquierda

Por Claudia Peiro

Aunque eran elecciones autonómicas y municipales, el presidente socialista del gobierno español, Pedro Sánchez, apostó a convertir los comicios del 28 de mayo pasado en un plebiscito a su gestión y la respuesta fue una contundente desaprobación. El PSOE (Partido Socialista Obrero Español) perdió 5 comunidades autónomas y 11 de las 22 capitales de provincia en las que está gobernando.

La derrota del oficialismo fue contundente en términos de retroceso institucional. Pero además fue imprevista para un Gobierno confiado en que sus resultados serían mucho mejores y que por ese motivo nacionalizó la elección. La administración socialista podía exhibir excelentes números en materia económica -4,1% de inflación interanual y un salario mínimo que pasó de 735 al llegar Sánchez al gobierno, en 2018, a 1080 euros en la actualidad. España era considerada como modelo de éxito económico en Europa.

¿A qué atribuir entonces la derrota? Una editorialista de la televisión francesa decía que a Pedro Sánchez se lo llevó una “peste roja radical”, en referencia a las últimas iniciativas de sus aliados de extrema izquierda de Unidas Podemos, que ingresaron al gobierno en enero de 2020. A la peste roja, podemos sumar una negra: la alianza de Sánchez con partidos independentistas, y en particular con Bildu, fuerza heredera de ETA, que llenó las listas de ex terroristas con antecedentes penales por atentados sangrientos.

Vale recordar que Pedro Sánchez, que en septiembre de 2019 aseguraba que “no dormiría por las noches, junto con el 95% de los ciudadanos de este país que tampoco estarían tranquilos” si dejaba entrar a Unidas Podemos al gobierno, cuatro meses después, en enero de 2020, incorporaba a Pablo Iglesias como vicepresidente y a Irene Montero como ministra de Igualdad. Mientras el primero renunció luego de los malos resultados electorales de su fuerza en Madrid, en mayo de 2021, ella permanece en el cargo, y se hace notar.

A mediados de mayo, a días de las elecciones, siete de estos etarras ex convictos renunciaron a presentarse. Fue después de que el Colectivo de Victimas del Terrorismo detectara la presencia de más de 40 ex terroristas en las boletas electorales del partido vasco.

Este escándalo había sido precedido por otro. El de la llamada ley del «solo si es si» que habilitó la excarcelación de varias decenas de agresores sexuales y la rebaja de pena para un millar de ellos. Y esa era sólo de las tantas medidas inspiradas por el extremismo feminista de Irene Montero, ministra de Igualdad, y esposa del fundador de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. Como el Presidente nacionalizó la campaña, sus alianzas y esas políticas de género estuvieron en primera plana, restando espacio al debate de los temas locales

Desde la cartera de Igualdad, Unidas Podemos ha desarrollado una persistente y agresiva campaña ultrafeminista -los varones son culpables de todo- que se concretó por ejemplo en la Ley de Garantía integral de la Libertad sexual, conocida como ley del “sólo sí es sí”, aprobada en septiembre de 2022, que pretendía darle un carácter legal al consentimiento de una mujer para mantener relaciones íntimas con un hombre lgo similar sucedió con la reforma de la llamada Ley Trans. Contra la opinión de los socialistas, se avanzó, en febrero pasado, con cambios que habilitan la transición de género a partir de los 16 años sin autorización paterna; además de permitir el cambio de identidad en los documentos con la sola declaración de la persona, sin informe médico, ni transición hormonal. Basta la autopercepción. La persona podrá incluso volver a su identidad de género anterior, también por su sola voluntad. Eso sí, todo tiene un límite: a la tercera vez que pida cambiar de sexo, intervendrá un juez para evaluar el caso.

El trámite de elaboración, debate y aprobación de estas leyes dejó muchas heridas: hasta provocó un cisma en el feminismo español, entre las mujeres que denuncian que el feminismo radical e identitario las niega, al llamarlas personas gestantes o personas menstruantes, y el feminismo queer que profesa Unidas Podemos.

En concreto, la ultraizquierda española es una minoría de minorías que se autopercibe -por usar un concepto que les es caro- con una legitimidad de la que carece para encarar reformas que modifican normas arraigadas en la cultura y que requerirían de un mayor consenso.