El frigorífico porteño, con más de 50 años de trayectoria, atraviesa una nueva etapa de modernización. La empresa apuesta a profundizar la trazabilidad de sus productos, optimizar el uso de recursos y aplicar tecnología para hacer más eficiente cada etapa del proceso, desde la recepción de la media res hasta la entrega al cliente.
En una industria donde la calidad ya no se mide solamente por el producto que llega al plato, sino también por la manera en que fue producido, procesado y trasladado, la trazabilidad y la sustentabilidad se convirtieron en dos ejes estratégicos para el negocio de la carne. El Frigorífico Marilú Damiano, una empresa con más de cinco décadas de historia, atraviesa ese desafío desde una mirada que combina tradición, innovación y eficiencia. Con una planta ubicada en la Ciudad de Buenos Aires, la compañía trabaja con restaurantes, hoteles, empresas de catering, parrillas, instituciones y otros actores del sector gastronómico, un segmento particularmente afectado por el actual contexto económico.

“La sustentabilidad dejó de ser una opción para convertirse en una responsabilidad”, explican desde la empresa. Bajo esa premisa, el frigorífico viene desarrollando distintas acciones destinadas a reducir el impacto de su actividad y, al mismo tiempo, mejorar sus procesos productivos.
Entre las iniciativas se encuentran la optimización del consumo energético, la separación y recuperación de residuos, el reciclaje de materiales y la mejora permanente de los procesos. La compañía cuenta además con certificación ISO 14001, un estándar internacional vinculado a la gestión ambiental que establece un marco para medir, controlar y mejorar el desempeño de las organizaciones en esta materia.
A esto se suma el trabajo sobre los recursos utilizados durante la operación y la incorporación de sistemas que permiten hacer más eficiente la producción. La empresa también cuenta con una planta purificadora de agua y desarrolla acciones específicas vinculadas al reciclaje.
De dónde viene cada corte
Si la sustentabilidad constituye uno de los grandes desafíos de la industria, la trazabilidad representa otro de los pilares sobre los que Marilú Damiano busca construir confianza.
En un mercado cada vez más exigente, saber de dónde proviene un producto, cómo fue manipulado y qué recorrido realizó hasta llegar al consumidor dejó de ser una cuestión exclusivamente vinculada al control sanitario. También se convirtió en una herramienta de transparencia.
En Marilú Damiano, los sistemas de trazabilidad permiten identificar y seguir los productos durante las distintas etapas del proceso, desde la recepción de las medias reses hasta su desposte, elaboración, envasado, almacenamiento y posterior distribución.
El objetivo es que cada corte pueda ser controlado y seguido dentro de la cadena productiva.
“La trazabilidad es uno de nuestros pilares. Cada producto puede ser identificado y seguido a lo largo de todo el proceso. Esto nos permite garantizar calidad, seguridad alimentaria y transparencia en cada etapa de la cadena”, señalan desde la compañía.
La tecnología cumple un papel central en este proceso. Herramientas de control, automatización y análisis de datos permiten fortalecer los registros, mejorar la eficiencia y disponer de información más precisa.
La tendencia también responde a un cambio en las demandas de los consumidores. Aunque en Argentina el interés por conocer el origen y el recorrido de los alimentos todavía tiene un camino por recorrer, desde la empresa consideran que será cada vez más relevante.
“Cada vez más personas quieren saber qué consumen, de dónde proviene y cómo fue producido”, sostienen. En ese escenario, la trazabilidad puede convertirse en un diferencial para frigoríficos, restaurantes y establecimientos gastronómicos que buscan ofrecer mayor información y confianza a sus clientes.
Una industria atravesada por el contexto
La apuesta por la eficiencia llega, además, en un momento complejo para toda la cadena de la carne.
La situación económica, la contracción del consumo gastronómico, las condiciones de la ganadería y las variables vinculadas al comercio internacional impactaron sobre la actividad. Desde Marilú Damiano explican que la caída del negocio gastronómico llegó a representar una baja cercana al 40% en determinados momentos.
Sin embargo, la empresa buscó compensar ese escenario mediante una estrategia comercial basada en la incorporación de nuevos clientes y el incremento del volumen de kilos comercializados.
“Tenemos una fuerza de venta muy importante que tracciona muchísimo. Esa baja la compensamos con una política fuerte de incorporación de clientes nuevos y aumentando el volumen de kilos”, explican.
La estrategia refleja una premisa que atraviesa el actual proceso de transformación: ser más eficientes para poder sostener el negocio en un contexto adverso.
Tradición familiar, mirada de futuro
Marilú Damiano nació hace más de 50 años como un pequeño mercado de barrio en Villa Urquiza. Fundada por los inmigrantes italianos Domingo Ruggiero y Vito Manchisi, la compañía tomó su nombre de la unión de los nombres de sus hijos, Marilú Ruggiero y Damiano Manchisi.
Con el paso de las décadas, aquel emprendimiento familiar se transformó en una estructura dedicada al procesamiento, selección y distribución de carne vacuna, incorporando nuevas tecnologías y ampliando sus servicios.
Hoy, una nueva generación participa de la conducción de la compañía y enfrenta el desafío de conservar los valores que marcaron sus orígenes mientras incorpora nuevas herramientas.
El liderazgo se plantea desde una lógica de cercanía con los equipos, comunicación y capacitación. La empresa cuenta con más de 100 familias vinculadas directa e indirectamente a su operación, y considera al capital humano como otro componente fundamental de su desarrollo.
“Conservar los valores y actualizar las herramientas” es, en ese sentido, una de las claves de la nueva etapa.
El frigorífico que viene
El próximo objetivo es profundizar la tecnificación y llevar la eficiencia al máximo posible.
La incorporación de nuevas metodologías, automatización, digitalización, análisis de datos e inteligencia artificial aparece como parte de una transformación que ya está modificando la industria alimentaria.
La visión de la empresa apunta a un frigorífico “más eficiente, más conectado y más sustentable”, donde la tecnología no reemplace el conocimiento y la experiencia acumulada, sino que permita potenciarla.
El desafío también trasciende las fronteras. Marilú Damiano busca consolidar su presencia en el mercado interno y avanzar progresivamente hacia nuevos mercados internacionales, con la exportación como uno de sus objetivos de crecimiento.
En ese camino, la sustentabilidad y la trazabilidad dejan de ser conceptos asociados exclusivamente al cumplimiento de normas para convertirse en herramientas de competitividad.
Después de más de medio siglo de historia, el frigorífico busca proyectarse hacia el futuro sobre una fórmula que combina tres elementos: la experiencia de una empresa familiar, la tecnología como motor de eficiencia y una producción cada vez más responsable y transparente.
Porque en la carne del futuro, conocer el corte será apenas el comienzo: también será necesario saber de dónde viene, cómo fue producido, qué impacto tuvo y qué recorrido hizo hasta llegar a la mesa.





